En la soledad y privacidad de tu habitación,
Permitiendo que la lujuria domine tu corazón desolado.
Estimulada por aquella sensación de pecado.
Y en el momento cumbre, en el más alto grado de excitación,
Entran a tu mente los recuerdos del pasado.
Y a tu alma ya condenada
Ningún placer satisface;
De tu cuerpo ya te sientes hastiada.
Después de experimentar este corrompido placer,
Tú alma se conecta con tu espíritu y entras a otra fase,
Donde el remordimiento no deja nada más que hacer.
Las lágrimas escurren por tus mejillas rosadas.
Pero no puedes culpar a la pureza de tu alma,
Por las necesidades de tu carne instintivas e inesperadas.