REINTEGRO
Querida muerte,
tu perniciosa vindicta,
una lauda condena dicta...
¡Que ancie verte!
Al cariño me has permitido,
degustar dulcemente;
a medida que airadamente,
Máquinas, arrebatarme tu consentido.
Admire la felicidad,
e inmediatamente, tu punzante,
daga dorada flameante,
me reintegra a tu oscuridad.
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